Miércoles, 20 de Septiembre del 2017
Documentación >> Personajes Históricos
ESCOBAL, Patricio
(Logroño, 1903- Nueva York, 2002) Política N 59, Enerol/Marzo 2006
Por José Esteban

Historia de un libro

Las sacas, libro de memorias de Patricio Escobal, cuenta con una apasionante vida bibliográfica. Aparecido primero en inglés, en prensas norteamericanas, se tituló Death Row (el corredor de la muerte). Traducido del español por Tana de Gómez, del texto manuscrito, fue una edición cuidada, y con esmerada presentación. Apareció en 1968.

En 1974, ya en español, volvió a reaparecer en Nueva York y tuvo un aceptable éxito tanto en EE.UU, como en Inglaterra y, en general, en todo el mundo anglosajón. Esta segunda edición, primera en su idioma, se debió a los esfuerzos de Odón Betanzos, destacado editor y académico, que la imprimió en su editorial-distribuidora Mensaje, en la capital de los rascacielos, y tuvo cierta repercusión en América. También entre nosotros, sobre todo en La Rioja, suscitó polémicas y agrias reacciones. Según testimonio del propio Escobal, marineros de la compañía Trasatlántica Española trajeron varias decenas de ejemplares a España.

Es una edición enriquecida con un prólogo del editor, Odón Betanzos, y el autor, aparte de dedicar el libro "A las víctimas de la Guerra Civil Española", incluyó un significativo texto de Víctor Hugo sobre España, no exento de cierta lucidez profética. También escribe una introducción en la que relata minuciosamente el proceso de redacción de la obra.

Todavía contamos con una primera edición en España, en 1981, muerto ya el tirano, y precisamente en la ciudad donde transcurren buena parte de los hechos narrados, Logroño. Se trata de una edición pirata, hecha sin conocimiento del autor, y de muy baja calidad tipográfica y llena de erratas. Su historia fue bastante accidentada. Muchos de los ejemplares se perdieron, hubo escándalos en su presentación y el coche del atrevido editor fue apedreado por los desalmados de turno. Pero contribuyó, sobre todo a nivel local, al conocimiento del autor y el libro, que desde entonces ha sido buscado y perseguido por numerosas personas.

La edición incluye un interesante artículo de Ramón J. Sender, aparecido con motivo de la primera edición inglesa en veinticinco periódicos americanos. Se titulaba "El atleta superviviente". "He aquí, pues, que un atleta olímpico se acaba de bautizar como escritor, y lo ha hecho con fortuna, limitándose a narrar sus experiencias personales durante la guerra civil española. El testimonio es de una violenta elocuencia contra los nacionales que lo arrestaron y tuvieron en sus cárceles de La Rioja y en el País Vasco bajo amenaza de ejecución durante largos meses hasta que al final de la guerra y gracias a providenciales influencias pudo salir con su familia y más tarde llegar a Nueva York, donde reside".

Con la cuarta aparición de Las sacas, en la "Biblioteca del Exilio", en cuidada edición preparada por Mª Teresa González de Garay, llega hoya un público más amplío y receptivo a esta clase de libros. Edición que cuenta con el beneplácito del autor (fallecido sin poder ver la nueva salida de su libro). "La historia del manuscrito original -nos cuenta la autora de la edición- es destacable, porque hay que reconstruir el proceso de memoria que lleva a Escobal a elaborar su libro, a base de recuerdos, sobre la marcha y proyectando intencionadamente una manera de narrar, de introducir anécdotas, de elaborar diálogos y de dosificar el suspense y los distintos elementos narrativo s con maestría y acierto".

Historia de un su autor.

Nace en Logroño el 24 de agosto de 1903. Con su familia se traslada a Bilbao, donde residía la familia de su padre, emigrante y vuelto rico de la Argentina. Huérfano a los cuatro años de edad, su madre le lleva de nuevo a Logroño. Con 15 años, fue internado en el colegio madrileño de los jesuitas de Chamartín de la Rosa, pasando después al famoso colegio del Pilar, regentado por los padres Marianistas. Fue en este Colegio donde empezó a jugar al fútbol con el Real Madrid en sus categorías inferiores, tomando protagonismo en defensa de la profesionalidad de los jugadores, que hasta entonces, en tomo a 1921-22, eran sobre todo aficionados.

Según su testimonio, empezó a jugar el Real Madrid, con dieciocho o diecinueve años, en el primer equipo. Tuvo así relaciones con Santiago Bernabeu, que fue una especie de padrino. Defensor a ultranza del profesionalismo, tuvo discusiones con Monjardín, que llegó a negarle la palabra. Pero nuestro autor se puso a la cabeza del intento de crear un sindicato de jugadores en la Casa del Pueblo de Madrid, entre 1928 y 1929. Monjardín mantenía posiciones políticas conservadoras, que le llevarían a las filas falangistas. Escobal, en cambio no ocultaba sus ideas progresistas, que le conducirían a Izquierda Republicana. Estudiaba entre tanto en la escuela de Ingenieros Industriales, terminando en 1929.

Sucedió a Monjardín en la capitanía del Real Madrid, se hizo profesional y participó con la selección española en las Olimpiadas de París de 1924. Conoció a Azaña y a otros dirigentes del partido y su popularidad pudo ayudar a los republicanos, pero él nunca habló en mítines y se limitaba a manifestar su ideología en café y tertulias. Contrajo matrimonio con Teresa Castroviejo, hija del famoso oftalmólogo, que le acompañó al exilio.

En 1934 toma posesión de la plaza de ingeniero del Ayuntamiento de Logroño, del que es expulsado a raíz de la huelga de Asturias por su afiliación a Izquierda Republicana. Apeló contra tan injusta decisión con un contencioso que le llevó el mismo Sánchez Román, pero el triunfo del Frente Popular le repuso en su puesto.

Estalla la guerra y es apresado inmediatamente. Permanece en las diversas cárceles logroñesas utilizadas por los sublevados como base de su sangrienta represión, y posteriormente confinado en Pedernales (Vizcaya), hasta mediados de junio de 1940. Este es el período que cuenta en Las sacas.

Libre, se instala en Estados Unidos, donde toma contacto con otros exiliados como Fernando de los Ríos, Tomás Navarro Tomás, y Francisco García Lorca. Hay que mencionar especialmente su amistad con Eugenio Fernández Granell, poeta y pintor surrealista gallego. Después de algunos trabajillos para subsistir, consiguió entrar en el Ayuntamiento de la ciudad de Nueva York. A la edad de jubilación se le pidió continuara en su puesto para ayudar a terminar un polígono de iluminación en el barrio de Queens.

La aclimatación le costó gran trabajo, sobre todo el idioma. Y siempre pensó volver a España. Lo hizo a la muerte de su madre, en 1968, y volvió desilusionado. Muchos de sus amigos habían muerto, y él seguía odiando a un régimen cuyos crueles procedimientos conocía muy bien.

Hay que decir que a pesar del éxito de Las sacas, nuca se consideró un verdadero escritor, a pesar de contar con una gran cultura literaria. Un amigo común le contó que Picasso estaba dispuesto a añadir un dibujo suyo a cada capítulo. Esto hubiera dado a nuestro libro una dimensión internacional, pero nunca llegó a realizarse. Parece ser que consultó a varios amigos acerca del título y eligió Las sacas por su significado en La Rioja y Aragón (grupos de 12 o 15 personas sacadas de las cárceles de las ciudades y fusilados en las afueras, a orillas de los ríos, o en los cementerios).

Se trata, en realidad, de un libro auto biográfico, un libro de memorias, pero es también un libro colectivo, porque al contar su caso particular narra la tragedia de todo un grupo numeroso de presos que se encuentran en sus mismas o muy parecidas circunstancias. Se puede decir que la narración presta su voz a muchos otros seres desconocidos y anónimos, que sufrieron los mismo que el autor y que, muchas veces, no tuvieron la suerte suya de sobrevivir. Por todo ello es un documento histórico impagable, una ejemplar crónica de lo sucedido en aquellos dramáticos años.

Su vida es también todo un testimonio de cómo se perseguía a la gente cuyo único delito era pertenecer a un partido político, en este caso a Izquierda Republicana.

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